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Afirma el escritor británico Ken Robinson que «la gente produce lo mejor cuando hace cosas que ama, cuando está en “su elemento”». Y sin duda eso es algo que podría corroborar nuestra protagonista de hoy, Samantha Peñalver, una mujer que dejó atrás una vida prácticamente resuelta para embarcarse en una aventura vital a miles de kilómetros de distancia.

Samantha (o Sam, como la conocen sus amigos), nunca dispuso de demasiado tiempo para pensar en su futuro o en quién era realmente. Se casó muy joven, con tan solo dieciocho años, y tuvo cinco hijos con su marido, de quien se separó más adelante. Entre el cuidado de su prole y su estresante trabajo en Telefónica, donde se labró una estupenda posición como ejecutiva a lo largo de más de una década, la vida pasaba muy rápido. Y Sam notaba que le faltaba algo. Especialmente en el ámbito laboral, pues su trabajo era repetitivo y no se sentía realizada.

Una cosa sí tenía muy clara: cuando participaba en actividades de voluntariado organizadas por la multinacional donde se había asentado profesionalmente, se sentía mucho mejor. Más llena. Fue entonces cuando conoció a un compañero con sus mismos intereses, y con el que empezó una relación amorosa. Juntos decidieron dar un giro a su vida: dejar todo atrás para marcharse a África a realizar labores de ayuda.

Sin embargo, el destino golpeó con dureza a Sam, ya que su pareja murió de un ataque al corazón justo dos meses antes de embarcarse en su aventura común. A raíz de aquello, y ya en paro, nuestra protagonista atravesó un momento de crisis muy intenso, que la arrastró hacia la apatía y la desesperanza. Pero gracias a un buen amigo que la animó y la ayudó a salir del pozo, Sam se enfrentó de nuevo al mundo y se lanzó a recorrer el Camino de Santiago en bicicleta. Cuando llegó a su destino, y entró en la catedral, tuvo su epifanía particular, y decidió que había llegado el momento de cumplir su sueño.

A pesar de que todo su entorno le decía que estaba a punto de realizar una locura, Sam, que entonces tenía cuarenta y tres años, hizo las maletas, dejó a sus hijos –ya independientes- en España y se plantó en Tanzania. Su objetivo: echar una mano a quien más lo necesitara. Así acabó como voluntaria en un orfanato, donde comenzó a ver la cara y la cruz del continente africano. Poco a poco fue creciendo en su interior una idea: crear una pequeña comunidad con fines humanitarios. Pero la respuesta de la gente fue tan positiva que, junto con un socio, Sam acabó montando en 2011 una ONG, Born to Learn, en un pueblo de la región llamado Moshi.

A lo largo de los últimos años, Born to Learn ha logrado grandes cosas en la zona: construir un colegio (completamente ecológico), que ha supuesto la escolarización de muchos niños, un hostal, el Karibú, donde se hospedan los voluntarios de la ONG, y gracias al cual se financian muchas de las actividades de esta, impartir multitud de talleres, crear microempresas o luchar por dar voz a las mujeres. Y todo ello gracias a que Sam encontró su camino en esta vida, y, más importante aún, tomó la valiente decisión de dar el primer paso para recorrerlo.

“Me siento completamente realizada. Es el camino que quiero seguir, mi misión. Por fin soy yo. Por fin soy Sam”.

Ponche Caballero es una marca fiel a su esencia desde hace más de 180 años. Siempre ha creído en sí misma, manteniendo las Ideas Claras, como los protagonistas de las historias de este blog, personas que no se rinden, que creen en sí mismas, y que han dado la cara sin tener en cuenta el qué dirán.