Compartir:
facebook-logo-button twitter-logo-button

Hay momentos en la vida de algunas personas que suponen un punto y aparte. Un giro de ciento ochenta grados. Momentos que suelen implicar renuncias muy importantes, y en los que es necesario tomar decisiones vitales para poder seguir adelante. Como el que, hace más de una década, cambió la existencia de nuestra protagonista de hoy, Montserrat Clavero.

El mundo de esta mujer barcelonesa se vio tremendamente alterado poco después de cumplir los cincuenta. El detonante: la muerte de su padre, pues era él quien se encargaba de cuidar a su esposa, la madre de Montse, enferma de Alzheimer desde hacía ya muchos años. Sin la presencia de su progenitor, Montse asumió toda la responsabilidad sobre el cuidado de la anciana.

Fue entonces cuando se puso a buscar un centro de día donde su madre, que necesitaba cuidados muy especiales y precisos, pudiera ser atendida correctamente. Sin embargo, la búsqueda resultó infructuosa, y Montse no encontró ningún lugar de ese tipo por su barrio ni por los alrededores. Sin embargo, algo hizo clic en su cabeza y decidió pasar a la acción: si no había ningún centro donde pudieran atender a su madre como merecía, ella misma crearía uno desde cero. Aunque llevar a cabo su objetivo le supuso tomar una de las decisiones más complicadas de su vida: dejar atrás su trabajo como pediatra en un ambulatorio, cargo que llevaba desempeñando desde hacía más de veinte años.

Gracias al tesón y al sacrificio de Montse, nació Noray, un centro de día ubicado en la calle Tamarit de la Ciudad Condal. Cuando abrió sus puertas, tan solo había cuatro personas atendidas, entre las que se encontraba su madre. En 2013 ya contaban con más de una veintena. Y todo gracias a la filosofía de vida de Montse, resumida en una frase que ella misma dijo en una entrevista: “Soy de las que pienso que querer una cosa es poder hacerla, será en más o en menos tiempo pero lo importante es estar y poderlo contar”.

Por otro lado, Montse, además de abandonar su entorno laboral de siempre, tuvo que asumir que su estilo de vida iba a verse alterado. Especialmente uno de los puntos claves de aquel: el deporte. A pesar de su asma, Montse llevaba corriendo triatlones desde finales de los años ochenta. Su verdadera pasión. Pero tirar la toalla no era una opción, y sacó tiempo de donde no había para continuar corriendo, e incluso se atrevió a participar en varios Ironman. El primero lo disputó en 2004, en Austria, con cincuenta y un años; el último, en Calella, en 2015 (a pesar de haberse roto el menisco un año antes mientras cuidaba a su madre, ya centenaria). Gestionar su centro de día no la ha impedido dejar de practicar su afición más importante. Eso sí, ahora aprovecha los entrenamientos para idear nuevos ejercicios para las personas atendidas en Noray.

montse-clavero-bici

En definitiva, nuestra protagonista de hoy es, a sus sesenta y tres años, un ejemplo viviente de que querer es poder. Como la propia Montse afirma, su vida es un Ironman diario. Y para participar en esas competiciones hay que estar, sin duda, hecho de otra pasta.

Ponche Caballero es una marca fiel a su esencia desde hace más de 180 años. Siempre ha creído en sí misma, manteniendo las Ideas Claras, como los protagonistas de las historias de este blog, personas que no se rinden, que creen en sí mismas, y que han dado la cara sin tener en cuenta el qué dirán.