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A sus veinticinco años, el gallego Nico Rodríguez es uno de nuestros mejores deportistas de vela. Su afición por navegar le viene desde muy pequeño: con ocho años, ya se echaba al mar con sus compañeros del Real Club Náutico de Vigo, su ciudad natal. Durante su infancia y su adolescencia siguió estudiando, pero nunca abandonó su pasión. Tras salir de la universidad de Santiago, licenciado en Odontología, Nico se fue a vivir a Las Palmas, para poder navegar en la modalidad de vela 470 junto a Nahuel Rodríguez. Y comenzaron las competiciones oficiales.

Pero a veces la vida de los deportistas es muy complicada. Las cosas no salen, y los ingresos no llegan. Y en una de esas malas etapas, Nico decidió dejar atrás su sueño y dedicarse a su otra profesión. Así que, solo un tiempo después, este joven vigués se vio en Austria, haciendo un curso intensivo de holandés para poder trabajar en una empresa de los Países Bajos que quería contratarlo como odontólogo. Iba a mudarse allí con su novia, y ya no había vuelta atrás: su vida estaba a punto de dar un giro de 180 grados. Sin embargo, en su teléfono sonó una llamada inesperada que lo cambió todo.

En el blog de Ponche Caballero hemos tenido el placer de entrevistar a Nico para que nos cuente su experiencia.

¿En qué momento exacto te diste cuenta de que tendrías que dejar atrás tu sueño para dedicarte a la odontología?

La verdad es que fue un cúmulo de circunstancias, porque al final yo trabajaba por las mañanas de odontólogo, por las tardes entrenaba, no tenía casi vida, dedicaba todos mis esfuerzos a esto y era complicado. A la vuelta de una World Cup en Francia el dinero no daba para cubrir todo, mis vacaciones eran para competir, y llegó un momento que hubo que tomar una decisión. Vi que no iba a llegar en condiciones, no habíamos cumplido los objetivos para entrar en el equipo, menos ayudas, menos todo… Entonces fue cuando dije: “bueno, lo he intentado con todas mis ganas y todas mis fuerzas, pero sin un patrocinador no es posible”. Y tuve que tomar la decisión, porque en casa las cosas no iban al cien por cien; voy a ser una persona normal, y tocará trabajar y asumir una vida más tranquila. Lo asumí con la mayor naturalidad que pude. Entonces yo tenía una novia en Canarias y decidimos irnos a Holanda a trabajar, porque surgió allí una oferta de trabajo. Nos fuimos a hacer unas entrevistas a Holanda, la cosa fue avanzando, nos fuimos a Austria para aprender holandés durante dos meses y medio (en un hotel, encerrados, ocho horas al día) y, de repente, cuando ya estábamos acabando, me llamó Jordi, justo la semana después de acabar los Juegos.

¿Cómo fue la llamada que dio un vuelco a aquella situación?

En realidad, antes me llamó Pepe Lis, que es muy amigo mío, entrenador de 49er, y me dijo: “parece ser que están tanteando esta posibilidad, ¿quieres que se pongan en contacto contigo?”. Y yo le dije: “sí, yo estoy abierto a escuchar cualquier cosa”, aunque él me decía: “yo sé que es complicado, porque tú ya estás ahí, pero bueno, que puede ser algo que quieras escuchar. Y entonces le dije: “por supuesto, que me llamen”. Entonces fue cuando Jordi me llamó, y me dijo un poco el proyecto, me contó todo y se me paró el mundo. Yo ya estaba allí con mi novia, haciendo la vida, iba a firmar un contrato con una clínica para varios años y me encontré con que reaparece ese tren que crees que ya se había ido, en otras condiciones mucho mejores, con una persona que había hecho los Juegos, con ayudas, con una serie de cosas… que te cambia todo, toda la perspectiva de todo. Y luego encima confían en ti porque te llaman…

¿Qué te supuso a nivel personal tomar esa importante decisión?

A nivel personal fue muy complicado. Les pedí a los dos, tanto a la clínica como a Jordi, una semana para centrarme. Entonces yo estaba allí, en Austria, en el hotel, sin dormir, sin ir a clase durante un par de días para decidirme… Mi cabeza era una batidora. Y al final pensé: “si no lo hago, me voy a arrepentir toda mi vida. Y si veo a Jordi de aquí a cuatro años subiendo a un podio o haciéndolo bien en los Juegos Olímpicos, me tiro por la ventana. Pero literal”. Entonces fue cuando dije: “si realmente estoy pensando esto, tengo que hacer esto. Es por lo que siempre he luchado, ha sido el sueño de toda mi vida. Tengo que hacerlo”.

Y, claro, luego a nivel personal fue una odisea. En casa obviamente ya veían que ya no me tenían que ayudar, que iba a tener mi propio sueldo, mi independencia, mi todo… y volver atrás…  A mi madre al principio le costó un poco. Ahora es mi máxima fan, pero las primeras semanas a mi madre se le atragantó. Lo típico que ves a tu hijo ya colocado, odontólogo: “ya me quedo tranquila, y el niño, pues nada, que quiere jugar a los barquitos”. Y, en el fondo, muy bien, pero al principio sí que los primeros días me dijo: “¿pero estás seguro de lo que estás haciendo? Sabes que estás cosas conllevan muchas cosas”. Y yo le decía: “Sí, pero es que si no, me voy a arrepentir”.

Luego, la que era mi novia, que ya no lo es, por un lado me entiende y por otro lado no. Fue una situación… Al principio lo dejamos, conseguimos volver hablando las cosas, intentándolo… Yo estuve un montón de meses yendo a Holanda cada vez que tenía días libres, mis vacaciones estaba con ella, y al final, a la vuelta del europeo la situación no era la ideal para los dos, porque buscábamos cosas distintas en este momento, porque yo me quiero dedicar cien por cien a esto, y al final lo hemos dejado. Entonces, claro, a nivel personal me ha volcado todo. Y ahora toca asumir las consecuencias de tus decisiones.

¿Qué ha significado para ti poder navegar junto a Jordi Xammar?

Pues la verdad es que es una oportunidad única. Ya no es solo navegar con Jordi, se te abren un montón de campos más. Por ejemplo ahora acabamos de volver de un mundial de J70, que nos han dejado un barco… Ya no es el hecho de navegar con Jordi, es todo lo que engloba el proyecto, la visibilidad que tiene, la gente nos empieza a conocer… Entonces se va notando que realmente te estás intentando abrir un hueco en el mundo de la vela, que de aquí a unos Juegos queda un mundo, pero sí que empiezas a notar que sete abren más cosas, más oportunidades, que la gente estaría encantada de navegar contigo, de contar contigo para otras cosas… Entonces la verdad es que se te abre un mundo nuevo.

Nico Rodríguez (izquierda) navegando junto a Jordi Xammar (derecha). Foto @ Jesús Renedo / Sailing Energy / Trofeo Princesa Sofía IBEROSTAR

Nico Rodríguez (izquierda) y Jordi Xammar (derecha). Foto @ Jesús Renedo / Sailing Energy / Trofeo Princesa Sofía IBEROSTAR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vuestro estupendo papel en el último Trofeo Princesa Sofía IBEROSTAR os ha dado ánimos de cara a las Olimpiadas de Tokio de 2020. ¿Te ves participando por primera vez en unos JJ. OO.?

Hombre, ojalá, pero yo soy de los de ir con cautela. Sabemos que aún nos queda mucho, mucho trabajo, y hay que cumplir los objetivos pequeños antes. Por ejemplo, este año que viene nuestro objetivo es clasificar a España para los Juegos. Entonces primero hay que ir cumpliendo esos objetivos para luego verte allí. Hay una parte de mí que quiere y se ve, pero es muy consciente de que queda un mundo por trabajar y hay que ir paso a paso. Si al final te centras en el objetivo final, se te van a perder los pequeños que te hacen llegar al final. Hay que centrarse en los pequeños para llegar al final. Es un poco como intento pensar, aunque sí que es cierto que hay una parte de mí que sueña con eso.

¿Cómo te preparas física y mentalmente cuando se acerca una competición importante?

Pues la verdad es que estoy intentando ir asimilando que tienen que ser días normales, intentar generar una rutina, como unos protocolos. Estamos trabajando mucho en eso: que al final sean todos días normales para que cuando lleguen momentos de más tensión, simplemente te salgan ya las cosas solas, porque si no, al final si te dejas llevar porque de repente no estás preparado para ese día, entonces es cuando te viene grande. Y bueno, pues estamos generando rutinas, protocolos, para intentar eso, que cada día sea un día más.

Y físicamente, tenemos preparador físico, tenemos para la dieta… De hecho acabamos de empezar la pretemporada y el lunes hemos comenzado con todos esos sistemas.

En julio, Jordi y tú participasteis en el Mundial de Vela de 470, celebrado en Grecia, un torneo vital para llegar a Tokio. ¿Cómo fue la experiencia?

Veníamos de hacer el europeo en mayo, que hicimos un buen papel, bronce, pero el mundial… Como Jordi estuvo un mes y medio en Bermudas, porque estuvo con la Copa América Juvenil, ya sabíamos que este año al mundial no íbamos a llegar del todo bien preparados. Sabíamos que al irse con el otro proyecto -que era el momento de hacerlo, el año después de unos Juegos: era una oportunidad única-, pues al final llegamos allí un poquito más en baja forma de lo que nos hubiese gustado y lo pagamos un poquito más caro. Fue la peor regata del año, hicimos un 15, pero aún así el saldo del año es muy positivo. Porque nunca estuvimos por debajo del top ten hasta el mundial, que también era cuando peor preparados llegábamos. Así que la verdad es que muy contentos con la temporada: cumplimos los objetivos que nos marcamos a principios de año de intentar consolidarnos como en el grupo más de cabeza, intentar estar entre los diez primeros. A nivel general lo hemos cumplido, menos en la regata realmente más importante del año, que sabíamos que este año igual iba a ser un poco más floja por la preparación que llevábamos. Pero bueno, en realidad, muy contentos y con muchas ganas de trabajar. De hecho ya estamos ahora yendo al agua, esta semana hemos empezado y ya nos estamos dejando los cuernos todos los días.

Como regatista, ¿cuál sería tu mayor meta?

Hombre, a día de hoy, una medalla en unos Juegos Olímpicos es el mayor de mis sueños, sin duda.

Y por último, ¿qué aconsejarías a los deportistas que están empezando?

Que disfruten. Lo primero es disfrutar de lo que haces, porque aquí si no, te amargas. Tienes que disfrutar, y si disfrutas trabajando, las cosas salen solas. Pero lo primero de todo es disfrutar, porque si no, esto se hace muy largo. Hay que disfrutar, generar buen ambiente y si alguna vez no sale algo, tener calma para seguir trabajando. Que eso es lo más complicado también, que a nosotros también nos pasa que a veces nos falta tener un poco de calma. Pero así con la sangre fría es más fácil decirlo.

 

Ponche Caballero es una marca fiel a su esencia desde hace más de 180 años. Siempre ha creído en sí misma, manteniendo las Ideas Claras, como los protagonistas de este blog, personas que no se rinden, que creen en sí mismas, y que han dado la cara sin tener en cuenta el qué dirán.