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Lo que no te mata te hace más fuerte y eso Elisabeth Heilmeyer lo sabe muy bien. Un accidente en 2003 pilotando un avión sin motor, su gran pasión, le provocó una grave lesión en la columna que la dejó en silla de ruedas: quién iba a decirle que su mayor pasión le robaría la posibilidad de andar de por vida.

Desde que era una niña, Elisabeth ha sido una gran aficionada de los aviones y el vuelo sin motor. Sus padres la llevaban de excursión al aeropuerto de Munich, ciudad alemana donde nació. Allí comenzó a “picarle el gusanillo” de volar, al ver a la gente subirse a los aviones. Fue entonces cuando su sueño de ser piloto pasó a convertirse en un objetivo por el que luchar.

Esta alemana residente en España desde hace más de 40 años, tras el accidente en el aeródromo de La Mancha en 2003 no solo dejó de andar, sino que también perdió la licencia de vuelo. Fue entonces cuando tomó la decisión de crear la asociación “Las Sillas Voladoras”: se dio cuenta de que había más compañeros en su misma situación que querían volar y no podían hacerlo. La asociación defiende que las personas con discapacidad puedan disfrutar de actividades aeronáuticas sin que haya barreras que lo impidan, a pesar de cualquier discapacidad.

Aunque en muchos países de Europa ya existía una normativa que lo permitía, no era así en España. Tras conseguir que la ley entrara también en vigor en España, Elisabeth comenzó a tramitar todo lo necesario para recuperar su licencia de vuelo. Tras volver a conseguirla, la asociación junto con otros 4 pilotos discapacitados se propusieron arreglar y adaptar un planeador que se pudiese manejar manualmente.

Elisabeth se atreve a decir que “ni la edad la frenará a la hora de seguir volando”. Ella es una mujer que ha demostrado que lo imposible solo tarda un poco más y que volar fue, es y seguirá siendo una de sus mayores pasiones. Ella es nuestro #TúDecides del mes de abril.

Elisabeth, debe ser una sensación indescriptible, pero ¿qué sientes cuando vuelas?

Volar me produce una sensación maravillosa de libertad, de alegría y felicidad. Si antes de darme el vuelo estaba disgustada por algo, después de haber volado ya no le doy la misma importancia, volar me da paz y si antes de mi accidente volar era lúdico, ahora es 100% terapéutico.

Después del accidente, ¿por qué tu mayor ilusión era volver a volar en vez de volver a caminar?

Por supuesto habría dado lo que fuera por volver a andar. Al no ser posible ya, volar sin embargo, me da esa libertad de movimiento. Volando no me encuentro con ninguna barrera arquitectónica, no me acuerdo de que ya no puedo mover las piernas y me olvido de ascensores que no funcionan, de bordillos altos o de rampas demasiado empinadas por las que no puedo subir sin ayuda.

¿Qué sentiste cuando pudiste volver a volar?

Fue justo a los 3 meses después de mi accidente. Aún estuve ingresada en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y me habían dado un permiso de fin de semana. Pedí a un compañero de vuelo que había ido a verme que me llevara a Ocaña. Casi no se lo podía creer. En el momento de despegar, por primera vez, empecé a tener ilusión y me notaba cada vez más contenta y feliz, algo que ya no creía poder sentir después del accidente.

 ¿Por qué recomiendas que todo el mundo pruebe la experiencia del vuelo sin motor?

El vuelo sin motor es la manera más pura de volar. Imitamos a los pájaros aprovechando las fuerzas de la naturaleza, subiendo en las “térmicas”, o sea bolsas de aire caliente que se desprenden del suelo. Es volar sin ruido, en armonía con el entorno silencioso que nos envuelve, sintiéndonos también un poco “pájaros”.

A las personas con algún tipo de discapacidad, ¿qué beneficios puede proporcionarles?

Toda persona con cualquier discapacidad, no sólo motora, que ha volado por primera vez se baja del avión con una sonrisa de oreja a oreja, se la ve radiante y feliz, ha hecho algo que no pensaba que pudiera experimentar jamás y ¡¡lo ha podido hacer!!

Has demostrado que hay que luchar por nuestros sueños. ¿Cuál es tu próximo reto?

Sin duda hay que luchar por conseguir nuestros sueños, algunas personas más que otras. Pero cuando se te cumple un sueño después de haberte costado llegar a conseguirlo, la sensación de éxito es maravillosa.
Mi próximo reto es sacarme la licencia de piloto de ultraligero. Hasta ahora teníamos cerrada aún el acceso al vuelo con motor, pero por fin también se nos permite a las personas con discapacidad en España, gracias a la normativa europea, sacarnos el correspondiente Certificado Médico y hacer el curso de piloto.

Elisabeth, ¿con quién compartirías un Ponche Caballero?

Con cualquier amigo, familiar o persona de mi entorno que me caiga bien y quiera pasar un rato agradable conmigo.


Ponche Caballero es una marca fiel a su esencia desde hace más de 180 años. Siempre ha creído en sí misma, manteniendo las ideas claras, como Elisabeth Heilmeyer, protagonista de esta entrevista, que supo luchar contra la adversidad y seguir volando alto.