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Hay cada vez más mujeres valientes que dejan huella en sectores tradicionalmente destinados solo para hombres. Mujeres que demuestran con su talento y su esfuerzo que la discriminación de género tiene que convertirse cuanto antes en algo del pasado. Por eso figuras como Eva Bordás, la primera española que consiguió formar parte de un equipo profesional de Fórmula 1, son tan importantes en la lucha por la igualdad. Hoy os contamos su historia.

Eva nació en la localidad castellonense de Morella en 1966. Ya desde muy pequeña se sintió fascinada por la mecánica: su padre, además de trabajar para Renault como comercial, regentaba un humilde taller de reparación, y allí Eva aprendió a amar esa profesión. Por eso se esforzó año tras año para alcanzar la meta deseada: estudiar una carrera relacionada con su pasión. Y la alcanzó tras licenciarse en Ingeniería Técnica en la Universidad de Valencia con un proyecto final  sobre la instrumentación de un motor Renault.

Después de acabar sus estudios universitarios, Eva empezó a trabajar en Talleres Honorio SL, el negocio familiar, del que se acabó haciendo cargo. Guiada por sus constantes ganas de aprender y mejorar, Eva inició en 1996 un curso en Renault para obtener el título de Cotec, es decir, de Coordinador Técnico (un experto en diagnóstico de averías, que puede servir de enlace entre los mecánicos de una plantilla o entre una empresa matriz y sus concesiones). Ella era la única mujer de toda la clase, pero no le importó lo más mínimo. Por supuesto, se sacó el título.

Fue en 2008 cuando llegó la gran oportunidad de Eva a través de una llamada telefónica: la escudería ING Renault de Fórmula 1, liderada por el laureado piloto asturiano Fernando Alonso, quería contar con ella para que formara parte de su equipo durante el Gran Premio de España, que iba a disputarse en el circuito barcelonés de Montmeló. Eva era la única mujer Cotec de toda la red Renault, y la empresa quiso premiar de esta forma su compromiso y su esfuerzo.

Aunque el puesto de Eva durante la competición no fue de carácter estratégico, sí tuvo la oportunidad de ayudar en diversas tareas al resto de mecánicos de Alonso, de observar muy de cerca cómo funcionan los boxes de la F1 (donde se manejan tecnologías de electromecánica de última generación) y de disfrutar con el espectáculo de la carrera junto a los monitores de telemetría, donde todos vigilaban constantemente el estado del coche del piloto español. Aunque tuvo que superar el escollo del idioma (era la única española del equipo, y sus compañeros solo se comunicaban entre ellos en inglés o francés), Eva se integró perfectamente en el equipo durante la competición, y demostró su buen hacer y su compañerismo. Fue tal el impacto que causó, que los otros mecánicos le regalaron una pulsera muy especial (hecha con una abrazadera de motor) el día de su despedida.

Tras cuatro días muy intensos, Eva volvió a su rutina, pero con una experiencia vital a sus espaldas con la que muy poca gente puede soñar. Gracias a esta oportunidad, la morellana consiguió un merecidísimo reconocimiento, y un aprendizaje intensivo que le reportó conocimientos nuevos muy interesantes. Conocimientos que comenzó a aplicar en su propio negocio nada más volver de su aventura.

En definitiva, Eva Bordás ya ha anotado su nombre en la historia de la Fórmula 1, un mundo de hombres donde, salvo excepciones como la propia Eva, Maria Teresa de Filippis o Lella Lombardi, las mujeres brillan por su ausencia.

Ponche Caballero es una marca fiel a su esencia desde hace más de 180 años. Siempre ha creído en sí misma, manteniendo las Ideas Claras, como las protagonistas de las historias de este blog, mujeres que se enfrentan al status quo, mujeres que desafían los estereotipos, y que impulsan los cambios hacía una sociedad más equitativa.